jueves, marzo 31, 2016

Cuaderno de viaje International Edition: Londres (24-27 de marzo de 2016)



PREPARATIVOS
Londres siempre había sido una ciudad que me apetecía visitar, y ahora que tengo conmigo a C., que es la mejor compañera de viajes que puedo desear, pues la oportunidad no podía ser mejor. Una mejor disponibilidad económica que en mis anteriores correrías por el mundo me ayudaba además a afrontar el viaje con más posibilidades. Eso sí, reconozco que el atentado que hubo pocos días antes en Bruselas no ayudaba a que nuestro estado de ánimo fuera el más apropiado.
Como ninguno de los dos habíamos estado antes en la ciudad, decidimos ir pocos días, para que fuera una primera toma de contacto para viajes posteriores, así que fue un viaje de solo tres días. En principio nuestra idea era salir de miércoles, pero la imposibilidad de conseguir unos permisos nos hizo cambiar los planes, así que el día 23 lo dedicamos a preparar maletas y, en mi caso, a ver en el canal Viajar un reportaje, de la serie Megaciudades, sobre la ciudad que íbamos a visitar, que me puso los dientes muy largos.

DÍA 1:
El primer día de viaje empezó ya a las doce de la noche, cuando nos reunimos en la estación de autobuses de Gijón. Un café y a la una salimos en un bus hacia la Terminal 4 de Barajas. Sé que C. lo pasó mal porque le costó dormir, pero yo, la verdad, cerré los ojos en Gijón y no los abrí hasta que estábamos llegando a Madrid.
De la T4 a la T1, a buscar donde desayunar y a esperar hasta que pudimos cruzar el primer control. Llegamos a un duty-free muy típico, pero con algo que me tocó las narices: entre tiendas de perfumes, gafas, tecnología y tabaco había una llamada Viva España en la que se vendían los productos que (queremos creer que) los turistas buscan como recuerdos de nuestro país, o sea, lo que mi madre llamaría productos “topitípicos”: toros de peluche, botellas de sangría con sombrero cordobés y castañuelas colgadas de su cuello, cajas de bombones Valor con el dibujo de una chica vestida de faralaes en su caja… Lo que todos tenemos en casa, vaya. Lo que es la Marca España
La llegada al avión fue la típica en Barajas, con cambio de última hora de la puerta de embarque y todo. Después de un plácido vuelo, llegamos al aeropuerto de Gatwick, y dos collages de la reina de Inglaterra (uno de ella de joven y otro de ella en la actualidad) nos daban la bienvenida ¡¡Por fin estábamos en el Reino Unido!!
Comimos algo y cogimos el Gatwick Express, un tren algo caro, pero que en media hora nos dejaría en la estación Victoria. Llegados allí, uno de los principales nodos de comunicaciones de Londres, nos encontramos con el único problema que tuvimos en este viaje: que ese día la línea de metro que nos debería dejar en el hotel estaba de huelga.
Decidimos solucionar el problema tomando uno de esos autobuses de dos pisos que todos hemos visto en el cine, pero, y esto sí fue culpa nuestra, nos pasamos de parada. Cuando terminamos de reírnos de nuestra propia torpeza, cogimos otro bus en la dirección contraria, y, esta vez sí, conseguimos llegar al hotel. Eso sí, en el autobús se puede ver toda la ciudad, de manera que, si hubiéramos cogido un bus turístico, hubiéramos pagado más y visto menos, así que…
Al llegar al hotel deshicimos los equipajes, nos duchamos para “reinsertarnos en la sociedad”, y a callejear por los alrededores del hotel. Sin embargo, el tiempo era lluvioso, de modo que muy pronto decidimos buscar algún sitio en el que cenar, y nos decidimos por un pub inglés con pinta de ser bastante típico, y ahí nos decidimos por cervezas y un par de platos típicos, entre los que, por supuesto, no faltó el fish & chips.
Después de cenar, al hotel a descansar, que buena falta nos hacía.

DÍA 2:

El viernes amaneció muy bueno, y nosotros nos levantamos pronto, para ducharnos e ir a desayunar a un buffet abarrotado de turistas. Después, nos sumergimos en el metro para dirigirnos al barrio de Notting Hill. Descubrimos que el metro, al menos el de Londres, es un medio de transporte rápido y cómodo, y que además está muy bien señalizado, de modo que al final volvimos como defensores convencidos de esa forma de moverse por la ciudad. Además, al ser Londres una ciudad tan llena de vida y de actividad, el metro estaba lleno de carteles de musicales y obras de teatro, de conciertos y de películas, muchas de las cuales no se estrenan en España. Pero además, en el metro se puede comprobar la gente tan variopinta que puebla la ciudad, y también el estilo con el que visten, sobre
todo las chicas.
En Notting Hill nos encontramos con un barrio pintoresco, con esas casas que tantas veces hemos visto en las películas y en el que hasta los talleres tienen glamour. Lo recorrimos de un extremo a otro hasta llegar a Portobello y su mercadillo, que también nos recorrimos de un lado al otro, mirando aquí y comprando allá. Incluso entramos en una tienda no oficial de Banksy, en la que tuve mi primer amago de volverme loco con las compras, que, afortunadamente para mi cartera, quedó en nada.

De nuevo al metro para dejar en el hotel para dejar las compras que habíamos hecho, y otra vez a salir, esta vez en dirección a Baker Street.
Al salir del metro en la esquina de la calle, nos encontramos con una oficina del Banco Santander (y no sería la última que veríamos en Londres), pero lo que más llamó nuestra atención fue la “estatua parlante” de Sherlock Holmes. Lo de “parlante” viene porque junto a ella, en un cartel, un código QR que hay que escanear con el móvil nos lleva hasta una grabación de, supuestamente, el gran detective. Pero es tarde y ya tenemos algo de gusa, hay que buscar donde comer algo para seguir.

Después de comer, nos acercamos al museo de cera de Madame Tussauds, pero la cola era enorme, así que, con la idea de dejar algo para la próxima visita a Londres, nos dirigimos a Baker Street. Por su cercanía con Abbey Road (creo que son dos calles perpendiculares), allí está la tienda de los Beatles, pero la cola que pasaba por delante de ella no era para entrar ahí, sino para entrar en el museo de Sherlock Holmes que está justo al lado y que, debido a su cola, también lo dejamos para otra visita. Donde sí entramos fue en una tienda de merchandising de grupos musicales que hay justo delante de la casa de Sherlock, de la que mi colega Pedro me había traído una púa hace tiempo. 

De nuevo al metro, y ahora vamos al Soho. Dedicamos un rato bastante largo a recorrer las calles de la zona, sobre todo Carnaby Street, en la que vi algunas cazadoras de cuero chulas pero algo caras (que tengo que jubilar de una vez la mía), todo ello justo antes de volver al metro y dirigirnos a la catedral de San Pablo. Muy chula, hicimos algunas fotos, y a patear en dirección al barrio financiero de la ciudad para encontrar el Banco de Inglaterra (y unos cuantos más de paso). Por cierto, al cruzar las calles nos encontramos con un detalle muy chulo que a los turistas nos viene muy bien: indican hacia donde hay que mirar para que no nos atropellen:

Después de pasear por la zona financiera de Londres, volvimos al metro, para dirigirnos a Harrods, un sitio que C. tenía muchas ganas de conocer. Por cierto, justo delante hay un Zara.
El centro comercial Harrods es enorme, y, sobre todo, muy elegante. Pero también muy caro, así que nuestras compras allí fueron escasas. Al metro de nuevo y al hotel.
Una cerveza en el pub de la noche anterior y luego a buscar donde cenar, que fue otro pub de la zona, en el que nos recordaron que la cocina cierra a las diez, así que tuvimos que decidir rápido qué queríamos tomar aparte de la cerveza. De nuevo, nos decidimos por la cocina típica. Después, al hotel a descansar, que mañana hay que madrugar.

DÍA 3:
Tampoco fue tan grande el madrugón, porque el sitio al que queríamos ir era el Museo Británico que está justo al lado del hotel. Allí pasamos un par de horas, viendo mucho y haciendo muchas fotos, pero sabiendo que lo que veíamos no era más que una pequeña parte de lo que el Museo tiene, así que es otra cosa que quedó para profundizar más la próxima vez.
Sin embargo, nos metimos en su tienda de recuerdos, con la intención solo de comprar unas chocolatinas con la forma de la piedra Rossetta. Pero no fue posible y nos volvimos locos en una vorágine de cultura general y chocolate, así que salimos de allí en dirección al hotel después de haber comprado chocolatinas, sí, pero también libros y algún dvd que sobrecargaron nuestras maletas (y no compramos más porque sabíamos que no nos cabrían…).
Todavía era temprano, así que decidimos volver a un metro en el que cada vez nos movíamos mejor para dirigirnos al Palacio de Buckingham. No llegamos a ver el cambio de guardia, pero sí vimos que la reina estaba allí. Después de algunas fotos y un vídeo, nos fuimos a pie hasta el Parlamento, caminando hasta que escuchamos la campana del Big Ben.

Antes de liarnos a hacer fotos del Big Ben, con el London Eye detrás, y de la abadía de Westminster que está al lado, comimos algo, para luego fotografiar todo lo que nos llamó la atención, incluyendo algunas de las estatuas que hay por allí, la mayoría de ellas de gobernantes (Lord Palmerston, Lloyd George, Churchill…), pero también dos que me desconcertaron: una de Mandela y, sobre todo, una de Gandhi.
Desde allí caminamos hacia Trafalgar Square, pasando eso sí por la esquina de Downing Street. En Trafalgar Square algunas fotos antes de cruzar el Támesis y hacer unas fotos muy chulas con el Big Ben a un lado y el London Eye al otro. Después otra vez al metro, esta vez en dirección a la Torre de Londres y el Tower Bridge. Eso sí, al salir de la estación, vimos los restos de la muralla romana de la ciudad y una estatua del emperador Trajano.
A pesar de la lluvia que empezaba a hacer acto de presencia, pudimos hacer algunas fotos, para después, volver a subirnos al suburbano para quedar con una amiga de C. que vive en Londres. Un café con ella y al metro por última vez, para ir al hotel y cenar algo en el pub que está justo debajo y que fue el que más nos decepcionó de todos los que visitamos en estos días. Luego a hacer la maleta, que esto se acaba.

DÍA 4:
El último día fue de viaje, y de hecho apenas dormimos la noche anterior, porque entre el cambio de hora y que nos iban a buscar antes de las cuatro de la mañana para llevarnos al aeropuerto, no nos valía la pena.
En el aeropuerto de Stansted desayunamos, deambulamos por un duty-free en el que había una tienda de Hamleys, la juguetería mítica de Londres, y nos subimos al avión pensando en cuándo íbamos a volver a esa ciudad mágica y llena de vida.

CONCLUSIÓN
Londres en una ciudad sorprendente, probablemente una de las que más me ha impactado en mi vida, y este viaje fue uno de los más memorables que he hecho. Estamos contando los días para nuestra próxima visita. 
Créditos de las fotos: Las fotos fueron hechas por C. y por mí.

domingo, marzo 20, 2016

La verdad sigue estando ahí fuera

Hola a todo el mundo:
No sé si alguna vez lo dejé escrito en este blog, pero desde hace mucho tiempo (ya más del que quiero reconocer), soy fan de la serie de televisión Expediente X, desde que se estrenó en España su primera temporada allá por… ni me acuerdo ya. Y no es porque me crea nada de eso de los fenómenos paranormales, que no me los creo, sino porque, simplemente, me parecía una opción divertida para “descansar la cabeza” de tanta realidad.


Por eso, como supondréis, me vi con mucho interés y cierto fanatismo, la corta temporada de solo seis capítulos que se estrenó este año como, supuestamente, cierre para la serie, después de varios lustros sin tener noticias de los agentes Mulder y Scully. Y, aunque me lo pasé muy bien, me dejó un cierto sabor agridulce.
No fue solo por el hecho de que, según nos dicen, sea la última vez que vamos a ver a David Duchovny y Gillian Anderson en los papeles que les llevaron a la fama, sino por la forma en la que habrían “dado cierre” a la serie.
Después de un primer capítulo en el que los dos protagonistas se reencontraban y los Expedientes X volvían a arrancar, y en el que la conspiración volvía a hacer acto de presencia, a lo largo de cuatro semanas se volvió a la costumbre de traernos un “monstruo de la semana”, en cuatro capítulos tan entretenidos como intrascendentes. Sin embargo, el último capítulo, que yo esperaba con más interés y casi con ansiedad, no me terminó de gustar, y la razón creo que es porque, aunque se nos dijo que era para cerrar la serie después de más de doscientos episodios y dos películas, la trama quedó lo suficientemente abierta como para que podamos decir que no solo no es un cierre, sino que dejó a todos los fans con cara de póker, más dudas de las que teníamos, y, sobre todo, muchas ganas de más.
Por eso, yo creo que esto no era en realidad el cierre de la serie, sino simplemente un intento de volver a recordarnos la serie a los que ya la conocíamos, y darla a conocer a las nuevas generaciones, tal vez para volver a rodar nuevos episodios.
Porque si no, no me lo explico. 

domingo, marzo 06, 2016

Ahora, a ver qué pasa



Hola a todo el mundo:
Como todo el mundo sabe, esta semana que termina fue la de un debate de investidura que resultó fallido. De todo lo que pasó esta semana sacamos varias ideas que nos dejan un sabor de boca un tanto amargo:
En primer lugar, que la decisión del PSOE de llegar a un acuerdo con Ciudadanos, un partido de derechas, va a hacer que Pedro Sánchez pierda muchos apoyos por parte de los votantes de su partido. Además, ese acuerdo es, como se vio, insuficiente para conseguir la investidura.
En segundo lugar, que Pablo Iglesias tiene una chulería y una actitud agresiva poco apropiada para un lugar como el Congreso de los Diputados. Debería “refinar” su actitud si no quiere perder muchos votos en el futuro.
En tercer lugar, que Mariano Rajoy ni sabe dónde está ni sabe lo que tiene que hacer. Su primer discurso de esta semana fue lo que podemos esperar cuando alguien de cultura limitada intenta demostrar una erudición que no tiene: un discurso afectado, pedante, anacrónico y en absoluto apropiado para el lugar en el que estaba. Después, su actitud faltona tampoco ayudó a que podamos decir que debe ser nuestro nuevo Presidente del Gobierno.
En cuarto lugar, que son todos como niños. Son unos niños malcriados que se pelean por un juguete que, en realidad, no les interesa; lo único que quieren es que no lo tenga el otro. Y así nos va.
Y por último, aunque espero equivocarme, que no va a quedar otra que volver a votar.
Y ahora me pregunto… ¿qué pasará después de las (más que probables) próximas elecciones?
Veremos…